agosto 20, 2008

Tuya y mío

Amanece, el sol ha decidido aparecer asomándose por ese pequeño hueco que deja la cortina y alumbra poco a poco la pequeñez del cuarto donde me encuentro. No recuerdo muy bien lo que ha pasado, sólo se que estoy en una cama muy cómoda y con ese olor que agrada a mis sentidos... tengo una vaga idea de lo que pasó... tu y yo... besos, tu cuerpo sobre el mío, rasguños en mi piel, sangre en tu cuerpo y después nada, oscuridad y ahora ese aroma que ya no puedo contener. 

Me despierto lentamente, aprecio que el cuarto está bien ordenado para ser tan pequeño, en realidad tiene pocas cosas, me parecen familiares algunos detalles y de pronto un ruido que parece provenir de la parte de abajo de la casa me distrae; tu ropa está en el piso, pero no estás tú, supongo que tendré que ponerme tu camisa para que se transparente parte de mi cuerpo como te gusta y buscarte por el lugar. Ese olor a hierbas frescas y frutas, dulce pero intenso, suave y sensual... esa mezcla que sabes que me encanta ¿de dónde provendrá?

Apenas bajo por las escaleras y te descubro sentado en una especie de sofá blanco estilo minimalista disfrutando de una pera, me miras estremecido, como si hubieran pasado años sin estar juntos, como si fuera el primer encuentro.

-Buenos días hermosa, ¿que tal dormiste?

-Bien, supongo... no recuerdo mucho pero estoy bien.

-Me alegro, ¿quieres alguna fruta?

Miro que en la mesa tienes preparada una gran variedad de frutas, todas mis favoritas: fresas, kiwi, mango, guayabas, peras, piñas... Comimos entre risas y jugueteos, los jugos de las frutas corrían por mis manos y tu tiernamente las besabas para no ensuciarme, entre besos nos acabamos casi toda, dejando las fresas para el final.

Me levantaste del sofá mientras nos besábamos, yo me aferraba a tu cuerpo con  mis manos y mordía tus labios con delicadeza, cuando en un sólo movimiento arrancaste la camisa que me cubría, me aventaste al piso y comenzaste a vaciar el tazón de fresas sobre mi cuerpo; conocía esa mirada, lujuria y pasión, supe entonces que sería una día largo y lleno de placeres.fresas

Te acercaste a mi cuerpo que permanecía inmóvil ante la rapidez de tus acciones y con tu boca retiraste cada fresa de mi piel empezando por los pies, subiendo poco a poco por mis piernas, deteniendote un instante en mis muslos, noté que la mayoría se encontraban muy cerca de mi pubis, mi cuerpo se estremeció cada vez más, respiraba con una intensidad que tu notaste instantáneamente pues con cada palabra que decías se incrementaba, al igual que mis latidos.

- ¿Así que te gusta que mis labios recorran tu cuerpo verdad? Sí, lo supuse... pero creo que ya no tengo mucha hambre, además las fresas no me gustan tanto como a ti. Hey, sólo yo puedo quitarlas, deja tus brazos arriba.

Obedecí como siempre, tu te retiraste del cuarto dejándome ahí tirada en el piso sin más opción que esperarte, intenté recordar más de la noche anterior y una imagen se clavó en mi mente: tu debajo de mi cuerpo, atado de manos y pies, cera, vino, gritando de placer... cuándo abrí los ojos ya estabas hincado a un lado mío.

atado - Recordaste, ¿verdad?, que bueno, hubiera sido una pena que no lo recordaras, fue tan buena la tarde de ayer, tanto sexo, tanto amor, tanta pasión, tantas promesas y deseos... porque si recuerdas lo que prometiste ¿verdad?

- Mmmm.. tengo vagas imágenes, instantes en que todo es oscuro y otras en que te veo atado... pero no recuerdo ninguna promesa, ¿qué me diste? ¿porqué no recuerdo nada?.

Una especie de miedo mezclada con excitación se apoderaba de mí, por más que trato no puedo recordar ninguna promesa, te acercaste a mi oído mientras juntabas mis manos y las atabas con un listón de terciopelo negro.

- Prometiste ser totalmente mía, princesa. Ayer yo fui tuyo, hoy tu serás mía.

strawberrystrawberrystrawberry

1 Comment:

  1. Anónimo said...
    Querida Fabiola,

    Seguramente tengas razón, pero me consuela que siempre tendré a mano unos zapatos de rubíes para volver a casa en cualquier momento.

    Siempre tuya,
    Pamela

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